Botánicas
Como soy Antoñita la fantástica, aunque tengo un trabajo que mola, siempre pienso que me equivoqué de profesión. Muchos días sueño con que me hubiera encantado pensar y diseñar exposiciones de arte (aunque realmente suena mal tanto eso de ser comisaria como curator) y, sobre todo, haberme dedicado a la botánica. Admiro a las botánicas y a los botánicos, como a las jardineras y los jardineros, aunque tengo algunas obsesiones particulares, especialmente con algunos de los pioneros. Y una de mis favoritas es Marianne North, que empezó a viajar sola a los 40 años de edad tras la muerte de su padre. Durante 13 años visitó, recogió y dibujó, decenas de países, miles de plantas y cientos de lienzos, que conforman una de las mejores colecciones de arte botánico de los Kew Gardens. Hija de un famoso político, amigo de Darwin, visitó Japón, Borneo, Java, Brasil, Jamaica, Canadá, California, Chile, Sudáfrica, las Seychelles, Sri Lanka, Australia y Nueva Zelanda. De entre su colección de dibujos, mi favorito, sin duda, es el del paseo de las Palmeras Reales del Jardín Botánico de Río de Janeiro, un paseo de casi un kilómetros formado por 134 palmeras que da entrada al jardín, donde pueden verse más de 900 variedades de palmeras.